Análisis de Control.


Sobre el control de casos
Emilia Malkorra Arsuaga
(Febrero 2007)

El dispositivo del control es el lugar de encuentro donde un analista practicante demanda a un analista más experimentado a quien supone un saber, le oriente en su práctica clínica. El control de casos ha existido desde el inicio del psicoanálisis como dispositivo del que se espera una transmisión [1].

A partir del saber que uno extrae de su propio análisis y apoyándose en ese saber un analizante se autorizará o no como analista, pero es una realidad que la práctica clínica comienza antes de finalizar el análisis y esto introduce un problema al cual Lacan responde en el Acto de Fundación de 1964, cito: “Es en el interior de este problema y como un caso particular donde debe ser situado el de la entrada a la supervisión” “Es constante que el psicoanálisis surta efectos sobre toda práctica del sujeto con él comprometido. Cuando esta práctica procede, aunque sea en grado mínimo, de efectos psicoanalíticos, los engendra en el sitio donde ha de reconocerlos. ¿Cómo no ver que la supervisión se impone a partir del momento de estos efectos y en primer lugar para proteger a aquel que acude en posición de paciente? Aquí está en juego algo de una responsabilidad que la realidad impone al sujeto, cuando es practicante, asumirla por su cuenta y riesgo”

La demanda de control para Lacan, queda del lado de la responsabilidad del analista practicante en contra de la normativa que como sabemos en aquel momento estaba vigente en la IPA.

La primera cuestión que podemos plantear en relación al control es:

¿Qué se controla en un control?

Los diversos nombres que se ha dado a este dispositivo: análisis bajo control, análisis de control, supervisión, control de casos, control... indican de entrada cierta dificultad a la hora de definir lo que ocurre en un control. Se ha intentado encontrar un significante adecuado a lo largo de la historia del psicoanálisis pero ninguno de ellos define claramente de lo que se trata.

También para nombrar a los participantes en el dispositivo del control, encontramos distintos significantes: Así tenemos, analista practicante y analista didacta, analista en control y analista controlador, controlado ó controlante y controlador...

Además de esto, leyendo los diversos textos que tratan sobre el control, ocurre que a veces no se sabe si se habla del analista que acude al control, del analizante de este analista o del analista que recibe en control. Aún cuando de entrada las funciones están bien definidas, la particularidad de la transmisión en psicoanálisis, que no es otra que su articulación con el discurso analítico donde lo real está en juego, determina que algo no se deje atrapar por los significantes y por tanto algo pueda pasar más allá de lo obvio. Esto, que es deseable que pase, aparece en forma de cierta dificultad a veces al leer los textos.

En relación a otro dispositivo del que se espera la transmisión, el dispositivo del pase, les recordaré un texto de Lacan, “Nota sobre la elección de pasadores”. Está escrito de tal forma que hay pasajes en el texto donde no se sabe si habla del pasador o del pasante. En 1992 Guy Clastres señalaba, refiriéndose a este texto, que esta forma de escritura fue intencionada por parte de Lacan.“Es un texto que tiene una estructura moebiana: se pasa de una cara a otra sin darse cuenta, lo que nos obliga cada vez a orientarnos para ver si hemos cambiado de cara. Eso indica que se trata del sujeto, del sujeto como falta en ser, como sujeto tachado” [2].

Bien, pues también el dispositivo del control da cuenta de un real que no podemos eludir al tratar la cuestión de la formación del analista. Las dificultades y paradojas alrededor de este dispositivo son una muestra de ello. Por ej., en este dispositivo no está tan claro qué dirección lleva la transmisión ni quien enseña a quién. De hecho, la pequeña elaboración de cada control está a cargo del menos experimentado y no hay duda de que el controlador puede aprender mucho de la experiencia. Otro ejemplo: a veces los efectos del control van más allá del caso del que se ha hablado, evidenciando que algo ha sido tocado en relación a la posición del analista...

Desde los primeros años del psicoanálisis existe la práctica del control. Uno de los primeros textos, titulado “Anályse souscontrôle” [3] es de Hélène Deutsch (analizante de Freud y una de las primeras analistas) Este texto fue un informe que escribió en 1927 aunque publicado por vez primera en 1960). Análisis bajo control: Así se llamaba al inicio este dispositivo, que ella consideraba debía ser el punto central de la formación práctica y clínica.

Partiendo de la imposibilidad en psicoanálisis de que el paciente esté presente en el control, para Hélène Deutsch se trataría de que el analista controlador analizara al paciente ausente como si se tratara de un análisis directo. Para que esto fuera posible el analista practicante, debía “ser transparente” y transmitir los decires y las formaciones del inconsciente de su paciente al controlador de forma que este pueda analizar al paciente a distancia, “por encima del hombro” del analista controlante. El analista en control sería un filtro, de quien se esperaba no obstruyera con sus sedimentos el paso del material a controlar. Si este filtro no estuviera suficientemente transparente, e impidiera la transmisión, se derivaba al analista en control a su análisis personal, entonces llamado didáctico para que allí resolviera los conflictos que interferían en su práctica.

Deutsch reconoce que tenía muchas dificultades para llevar un análisis bajo control sin haber visto alguna vez al paciente sobre cuyo caso se controlaba. Podemos intentar explicar esta dificultad: Ella pretendía ser la analista del paciente del analista en control. Pretendía conseguir realizar un análisis in absentia o in effigie, algo imposible, como advirtió Freud. Sabemos por Lacan que no hay Otro del Otro. Hélène Deutsch, en su intento de “purificar” al máximo el dispositivo del control, ¿no intentaba ocupar esa posición imposible de ser Otro del Otro?

Dicho de otro modo, la transferencia surge entre el analizante y su analista. La transferencia surge entre el analista en control y su controlador, pero no hay transferencia de la transferencia, como nos recordará Colette Soler en su texto “La función del control en la comunidad analítica” [4]: “Hay transferencia a secas”.

Hélène Deutsch advierte que no se trata en el control de ofrecer un saber teórico. Dirá: “es un error del controlador pensar que es su deber ofrecerle al candidato algo que nunca hemos tenido, y que probablemente no tendremos jamás en la técnica analítica, esto es: una totalidad completa y asimilable que puede ser enseñada con ejercicios regulares y minuciosos [5].

Para ella lo deseable era que: “la teoría se detuviera en el umbral del controlador para ofrecer vía libre a la observación de las ocurrencias psíquicas del paciente”. [6] Pero esto exigía que el candidato tuviera un cierto nivel de conocimiento de la teoría psicoanalítica. A su entender, el análisis bajo control era desviado a menudo de su objetivo por la necesidad de tapar las brechas del saber teórico. Entendía que el lugar de aprender la teoría era otro que el dispositivo del control. Separaba claramente entonces, transmisión de enseñanza.

Ella, teniendo en cuenta las dificultades que encontraba, apostaba porque el análisis bajo control fuera llevado a cabo por otro analista distinto que el analista del entonces llamado analista candidato.

Otra analista, Vilma Kovacs, perteneciente al grupo de Budapest, analizante y alumna de Ferenczi, escribió en 1935 un texto dedicado a la formación del analista, bajo el título: “Anályse didactique, analyse sous contrôle” [7]

Kovaks consideraba que el análisis bajo control está muy cerca del análisis didáctico. Define el análisis bajo control como una puesta a prueba de los efectos del análisis en la capacitación como analista del analizante.

El planteamiento de Vilma Kovacs difiere del de Deutsch: Para Kovacs lo que se trata de controlar no es tanto la cura del paciente como la posición del analista. Para ello lo que trata es la constratransferencia del analista, por lo que pone en paralelo el análisis didáctico y el análisis de control. Su propuesta es que mientras se realiza análisis bajo control se debe continuar el análisis y además los dos análisis, podríamos decir, los debe realizar con el mismo analista.

La dificultad que ella reconoce tener, al contrario que Deutsch, es a la hora de realizar análisis bajo control con analistas que no estaban en análisis con ella, pues le era muy difícil orientarse sin conocer el carácter y las reacciones de estos analistas.

Si Deutsch pretendía prácticamente eliminar la figura del analista en control, Kovaks le daba demasiado peso y además en su peor vertiente ya que lo hacía trabajando la contratransferencia, y esto no es de lo que se trata en el control, puesto que supone dar consistencia a lo imaginario, a los prejuicios del analista, al yo del analista, y sabemos es uno de los mayores obstáculos en la dirección de la cura.

Estas dos autoras plantean dos respuestas diversas a la pregunta de qué se controla: Una acentúa el control del caso y la otra pone el acento en el control del analista.

¿Qué se espera de quien demanda un control?

El analista que demanda un control es un sujeto dividido que va a hablar de su práctica con un analista a quien supone un saber. Quien demanda un control no está en posición de analista. Está más cerca de la posición de analizante, lo que ocurre aquí, a diferencia del análisis, es que en el control no se trata de la asociación libre sobre su propio caso.

Se espera de él que piense sobre su práctica. Que elabore una pregunta en relación a las cuestiones que le plantean dificultades. Bien en relación al diagnóstico, bien en relación a la transferencia, a la dirección de la cura, etc.... Cito a C. Soler: “El analista en su acto no piensa, pero está bien que el analista piense un poco, no en su acto sino sobre sus condiciones, sus consecuencias en las curas. Que trate de evaluar un poco lo que hace”. Si el analista se autoriza de sí mismo, la necesidad del control se impone, y con esa pequeña elaboración está dando cuenta, “no sólo a la comunidad analítica sino a sí mismo, de lo que hace” [8]

No hay un “modelo” de control. Hay el caso por caso, y una evolución de los controles, un recorrido que cada analista irá haciendo en el camino de su formación y que estará en íntima relación con el recorrido de su propio análisis y los efectos de éste.

¿Y que se espera del controlador?

No hay un “modelo” de control pero sí hay una orientación para nosotros a partir de la enseñanza de Lacan, de quien les leeré la siguiente cita que habla de la posición del controlador y que encontramos en la segunda clase del Seminario de la Angustia:

Cito: “...en un control,...lo que se aportaría sería aquello que ustedes saben, y yo intervendría tan solo para aportar algo análogo a la interpretación, o sea, aquella adición mediante la cual surge algo que da sentido a lo que creen Vds. Saber y hace surgir en un relámpago lo que es posible captar más allá de los límites del saber” [9].

Lacan está hablando de la posición del analista.

Colette Soler, que es quien más ha teorizado sobre el control de casos nos ofrece la siguiente definición del control:

“El control es un dispositivo complementario de la cura, donde tratar analíticamente los efectos de la experiencia analítica” [10]

En esta definición está implícita la posición del controlador ya que si se trata de tratar analíticamente los efectos de la experiencia analítica, esto sólo puede hacerse desde la posición del analista. Nos dirá Colette Soler que el dispositivo del control es un dispositivo que flota entre los discursos, pero que su éxito está en su articulación con el discurso analítico. Cito: “El control según el discurso analítico –el deseable pero no siempre posible- sería aquel en que el controlador, ocupando también el lugar del agente, intenta hacer del analista en control un sujeto dividido que trabaja, opuestamente a la función de objeto que tiene en su función de analista....

Se trata de mantener abierta la división del analista en control, división entre:

a) lo que el analista en control recoge y elabora del saber original del analizante y
b) la ignorancia que debe seguir animando su posición si quiere conducir una cura hasta el término en que se confirma haber sido un psicoanálisis. Esta ignorancia que lejos de ser un “no quiero saber nada” es por el contrario lo más cercano que existe a un deseo de saber, si hay uno.

Que el analista controlador se haga causa de la juntura disyuntiva entre la elaboración de saber y el mantenimiento necesario de la disciplina de la ignorancia y habrá logrado, quizás, un control según el discurso analítico –aquel que dice no, que impide que el sujeto analista –deje atrás su acto [11]

Algunas referencias bibliograficas sobre el tema del control / supervisión de casos

1) En Link nº 12 (francés). Quels A.M.E.? Dic. 2001:
Deutsch, Hélène. Anályse sous contrôle.
Kovaks Vilma. (texto de 1935). Anályse didactique, anályse sous contrôle.
Soler, Colette: La fonction du contrôle dans la communauté analytique.
Soler, Colette: Standars non standards.
Silvestre, Danièle: Le contrôle institutionnalisé: deux voies

2) Soler, Colette: ¿Qué control? 1988. en Finales de Análisis. Edit. Manantial.

3) Algunas referencias explícitas sobre el control de casos en la obra de J. Lacan:
Escritos 1(Siglo XXI Edit)
-Función y Campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. Cap.I: Palabra vacía y palabra plena....Pág. 242:
-Seminario X La angustia. Edit. Paidos.
Clase II: La angustia signo del deseo. Pág.26-3º párrafo
-Acta de Fundación 1964. P. 72 Nota adjunta P. 75
-Discurso a la EFP (6 diciembre 1967). Pag. 10

4) Safouan, Moustapha: Jacques Lacan y la cuestión de la formación de los analistas. Paidos.

5) Actas de la EFP. Del VII Congreso de Roma de 1974. Edit. Petrel S.A. 1980: los siguientes textos:
Safouan, M. “(Hacia una) teoría del análisis de control”
Dumézil, C. “Sobre el uso correcto de los controles”
Porge, E. “El objeto del control”
Didier Weill, A. “Del control y del “autorizarse””



[1] Ponencia presentada en la Jornada de la EPFCL. San Sebastian. Febrero 2007
[2] Guy Clastres. Comentarios a la “Nota sobre la elección de pasadores de J.Lacan”. En “Debates sobre el pase” 1992.
[3] Deutsch, Hélène. Anályse sous contrôle Publicado en Link nº 12 (francés). Quels A.M.E.? Dic.2001
[4] Soler, C: La fonction du contrôle dans la communauté analytique. En Link nº 12 (francés). Dic. 2001
[5] Deutsch, Hélène. Anályse sous contrôle. En Link nº 12 (francés). Dic. 2001
[6] Deutsch, Hélène. Op.cit.
[7] Kovacs, Vilma. Anályse didactique, analyse sous contrôle. En Link nº 12 (francés) Dic.2001
[8] Soler, Colette. La fonction du contrôle dans la communauté analytique. 2001. Publicado en Link nº 12 (francés). Pág. 33.
[9] Lacan, Jacques Seminario X. Pág. 26. Paidos.
[10] Soler, Colette. Standards non standards. 1987. En Link nº 12.(francés). Diciembre 2001
[11] Soler, Colette. ¿Qué control? 1988. Finales de Análisis. Manantial.


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Análisis de control
Cristina Marrone - Verónica Cohen - Isidoro Vegh
Coordinó: Mónica Marciano

(*) Panel de Cierre del Coloquio de Verano 2000 "Resistencias al Discurso Analítico", Escuela Freudiana de Buenos Aires, 2000
(**) Desgrabación realizada por el Cartel de Clínica. Versión no corregida por los autores

Mónica Marciano

Para el cierre hemos elegido un panel que nos traiga sus reflexiones sobre este tema. La elección precipita a partir de un trabajo de lectura del cartel de clínica. Entendemos que hay una preocupación absolutamente genuina en la EFBA. Nos parece central con relación a nuestra ética y nuestra clínica. Las razones son muchas pero en principio lo que habíamaos pensado es que si el analista es al menos dos, aquél que produce el acto analítico y aquél que hace lectura y da cuenta de él, un lugar princeps donde interrogar el acto analítico es el análisis de control, con todo lo iluminador que este espacio puede llegar a ser. Toca lugares a los qque el análisis personal no ha llegado y aún en análisis concluidos logra eficacias que quedaron pendientes o no pudieron producirse en otro tiempo.

Verónica Cohen

Empecé pensando tres personajes que serán tres semblantes de discurso diferentes, el sujeto analizante, aquel que tiene esa disposición a decir que descubre Freud, el analista supervisante, aquel que viene a decir que tiene esa disposición sobre un caso, que estaría también en posición analizante y el analista que podríamos llamar enseñante , el que escucha sobre este caso.

El sujeto habla. Sabe sin saberlo y sin saber con qué nombres se nombra. El analista que habla del caso, controla. ¿ Qué controla? Los medios de producción de ese decir. Sería saber hacer allí. Encontrar esa nueva lógica que Freud descubre, que sabe de lo sin sabido de la castración. El análisis de control no puede sustituir un análisis que es dónde el analizante adquiere el control de esos medios de producción. Es un saber sobre el corazón del inconciente, pero se trata de la extensión del discurso.

"Saber hacer allí ": no se trata de una técnica, tampoco se trata de una división entre clínica y teoría. No hay en psicoanálisis teoría sin deseo del analista, sería una filosofía. Me gusta pensarlo como una lógica que sabe de lo insabido del falo y la castración.

En el análisis de control se viene a decir un caso, pero también es en la caverna, la que habla Lacan en "Posición del Inconciente", la que se abre desde adentro solo en las sombras los restos de lo que pasa en otro lugar puede encontrar una lectura.En el análisis de control también se trata de las transferencias, transferencias laterales.

Lo que nos embaraza con la verdad como estructura de ficción.Es lo inadecuado de la cosa a lo intelectual. Responde a otra lógica. Si se trata de someterse es al deseo y no al fantasma. Ponerse bajo un significante para producirlo.

¿Qué se puede enseñar cuando alguien viene a decir de un caso?. Una lógica en juego, una concepción del psicoanálisis en la lectura de Freud que tiene Lacan. El análisis de control no sustituye al análisis. Es necesario pero no suficiente.¿ Por qué? Para poder a su vez transmitir, enseñar ese control de los medios de producción. Lo que Lacan en la Proposición ....llama el agalma del analista. Enseñar a esperar,a callar, a cortar, a no vincular saber. Una concepción que empieza con una represión originaria, lugar vacío, a partir de un trazo. El nombrar surge en el decir mismo, se traza en el decir, y se resignifica retroactivamente y resignifica eso primero. Lacan lo llamó nominación latente, corazón del inconciente, lugar de un decir que actua a posteriori. Si no hubiera esa oportunidad de que algo que se diga pueda resignificar retroactivamente, para qué analizarse? Es la oportunidad en el decir mismo. Se trata de nombrar. Lacan lo llamó nueva presencia en el mundo. Para lograr algo de eso se trata de aprender a no desorientar con el saber, con lo que conviene, etc. etc.

Por qué un analista escucha a quien controla? Será por esa lógica que es su agalma, esa lógica que no es sobre el todo,sino por otra lógica que tiene un saber sobre la ex –sistencia, no sobre el ser, sino sobre el tener y el no tener?

Esas cuestiones solo se pasan a través de un análisis, pero eso produce no sólo una deuda por el crimen, transformación de la culpa en deuda, sino una deuda con el discurso del psicoanálisis. Se escucha por que hay una razón de extensión del discurso en juego. Deuda con el discurso donde se resolvió la culpa por el deseo, deseo de muerte,el odiar, envidiar,traicionarse ceder; lo que se llama la pestilencia.

Lo que se llama supervisión o control puede ser resistencia cuando sustituye un análisis, porque impide ese camino que pone al analizante en el camino de poner en causa su deseo de analizar, su culpa resuelta en una deuda y su deuda con el discurso del psicoanálisis. Transmitir a uno nuevo algo. Un saber sobre el vacío, ausencia sobre la cual se va a construir y resignificar algún nombre a posteriori. Es retroacción sobre lo anterior para ponerse bajo ese nombre.

¿Qué enseñaría alguien que viene a decir un caso?

Que surge en el decir mismo, que se traza en el decir la operación, la trama que transforma. Un analista que pasó esos pasos puede transmitir ese saber hacer allí.

La cuestión pasa por lo que se aprende del propio inconciente en el análisis del analista y en el análisis de control, su transferencia lateral. Pero entonces es desde el propio inconciente que se puede aprender lo que llamé el control de los medios de producción de un decir.

Cristina Marrone

El análisis de control es una de las prácticas del psicoanálisis.Sin embargo, ¿por qué se tiene la impresión de que habría que justificar su existencia?. Se podría prescindir de él siempre y cuando eso sea la consecuencia de haberse servido de él. ¿Por qué? Me voy a apoyar en Safouan "Lettres" EFP 1974 . " La estructura interna al análisis de control permite situar cierta cuestión esencial y es que la transferencia surge siempre sobre el fondo de la contratransferencia y que aquello que el analista le demanda a aquel que efectúa el análisis de control es la lectura de esa contatransferencia. Pero la eficacia solo se logra si se efectúa la conmoción de la categoría del poder como tal". ¿ De qué poder se trata? Cómo entenderlo? Ese poder se encuentra situado en franca oposición a la eficacia del acto. Conservando el escalonamiento que Lacan propone entre los tres términos freudianos . inhibición, síntoma y angustia, propondría a la inhibición como el concepto que concierne insistentemente a la práctica del control; y que ese poder que es preciso conmover para permitir la eficacia del acto debe ser puesto en la cuenta de la inhibición que afecta a la posición del analista bajo un modo particular. Acaso no se juegan el síntoma y la angustia para quien relata en la experiencia en control? Indudablememte que sí.Pero quién acude a esta experiencia no está allí buscando un cambio en su posición subjetiva, no está allí buscando el significante que lo represente para otro sino qu está allí por su posición de analista, posición de objeto en el fantasma, objeto del que intenta tomar el relevorespecto de su paciente. Posición desde la que, en transferencia horada el sentido en la extracción de la letra, cuando puede. La inhibición se opone al acto como núcleo residual de goce, como tapón.

Es el concepto que nos conduce no solo a la parálisis del yo y sus funciones tal como nos la demuestra el padecimiento de la neurosis obsesiva sino que ese estatuto de tapón concierne al objeto en lo más inercial de la gramática del fantasma. Recordemos una de las últimas apreciaciones de Lacan sobre este tema cuando se vuelve a preguntar qué es la inhibición. " Lo real hace que giremos en círculo, se nos escapa y es debido a eso que la inhibición se produce en la hiancia entre lo imaginario y lo real.

Ahora bien si la inhibición se produce en dicha hiancia es en tanto en la cuerda de lo real el goce se acumula con la consecuencia de su adherencia a la imagen y la marcada detención ante el agujero de lo simbólico. En esos momentos la imagen no queda engendrada desde el agujero o lo que es lo mismo: la posición del analista no bascula como semblante entre no saber y no ser. Esta es la cuestión del análisis de control, ya que si bien ese agujero de lo simbólico se despeja fundamentalmente desde el análisis del analista, eso suele no alcanzar porque el poder que no es otro que del goce lo pone constantemente en peligro en el encuentro cada vez renovado con el fantasma de su paciente. ¿Cómo despejar ese agujero desde la segunda escucha que implicaa el análisis de control en transferencia?.

En "El problema económico del masoquismo" permite avanzar: Freud señala que el masoquismo erógeno acompaña a la libido en todas las fases de su desaarrollo, toma prestados sus cambiantes revestimientos psíquicos. En consecuencia en cada una de las estaciones del "tour" de los objetos de la pulsión oral ,anal ,fálico, invocante y escópico habría un sedimento masoquista. Dicho sedimento se expresaría como pulsión de apoderamiento en términos freudianos o mejor aún es el apoderamiento que a mi entender se hace poder de atracción, adherencia del masoquismo erógeno que puede afectar a la posición del analista en tanto objeto dell fantasma para su paciente.

Allí está el poder que buscamos. Núcleo de goce de la inhibición ya que no sólo se trata para el analista de la abstinencia al poder que la transferencia le otorga sino tambien de batallar contra el apoderamiento que en su exceso puede capturarlo en su posición de objeto. ¿Cómo conmover ese apoderamiento? El poder que concierne a lo más oscuro de lo real? Domeñarlo será un trabajo a doble vía sobre el objeto 1) por el sesgo de la ternura como primera quita a las pasiones del ser , vía por la que se coharta dicho exceso aunque el objeto se conserva. 2) por el ejercicio de la sublimación acto que introduce un corte en el fantasma, allí el acto analítico del lado de la función sublimatoria implica un cambio en el "en sí " del objeto y nos recuerda que la obra de la sublimación no sólo es la obra de arte. En ella la reproducción de la falta implica un corte último. He ahí el recurso estructurante, potencia paterna ahondar la hiancia entre lo imaginario y lo real despejando el agujero de lo simbólico. El análisis de control apunta fundamentalmente a la recuperación de la invencion.

Desde la segunda escucha por un efecto sublimatorio despeja, levanta la inhibición de la primera escucha y con ello transforma lo visible en legible enfrentando así la opacidad del narcisimo. Se trata en definitiva de que esta práctica que espeja la posición del analista muda su razón última en que el psicoanálisis sea restituido, producido nuevamente en el ahí de cada ocasión.

(Lectura de un apólogo)...... Momo, como el analista, es convocado a despejar la grisedad opaca del narcisimo en la cronicidad del presente sin pasado y sin futuro en el tiempo estático de la inhibición. Por esa brecha, la que abre a la temporalidad se torna factible el acto como rescate de la invención.

Isidoro Vegh

Recién Monica dijo algunas de las razones de por qué se propuso este panel en este Coloquio dedicado a las resistencias, creo que está bien, porque si podemos reconocer en la parroquia que transitamos, la parroquia lacaniana, algo que entre nosotros se ha convertido tal vez en una inhibición, como dice Cristina,( tal vez acá me refiero a otra inhibición). Quizás la convirtamos en síntoma y podamos hacer con eso algo mejor.

Quiero decir que como tantas veces lo dijimos, responder a un error con una posición simétrica no es sino quedar inmersos en un error simétrico . Sabemos que la IPA aún hoy, sigue exigiendo a sus candidatos dos controles que son obligatorios, que tienen que ser aprobados, que tienen que realizarse con algunos de los analistas indicados. Bien sabemos que todo aquello que tiene que ver con el deseo del analista no puede constituirse bajo el modo de un procedimiento burocrático, pero de ahí a creer que eso se resuelve obviando su práctica es simplemente cometer otro error, y creo que en nuestra parroquia el error que se cometió fue entonces dejar de lado la práctica del control que fue unos de los pivotes que Freud introdujo.

Según Jones, Steckel que era paciente de Freud, cuando termina o suspende su análisis, en ese tiempo no se discriminaba mucho, es quien le pide hablar de sus pacientes, y a partir de ahí Freud descubre que ese era un camino válido para la formación del analista.

Lacan en eso siempre fue clásico y lo mantuvo del mismo modo, asá como mantuvo la palabra didáctico y creo que para nosotros también puede ser válido.

Lo digo de este modo, que el análisis de control no sea obligatorio no quiere decir que no sea necesario.

¿ Cuáles serían las razones estructurales para que además de que un joven analista, haga su didáctico, cosa que todos reconocemos imprescindible, también sea necesario el análisis de control?.

Como decía Verónica Cohen, no son igualables, son diferenciables.

Pienso que hay razones contingentes, temporales y hay razones necesarias,estructurales.

En relación a las primeras , que son las más simples de reconocer, es que es muy raro, casi no sucede, que alguien comience su práctica de analista al final de su análisis. Lacan en la Proposición nos enseña que el final de análisis es cuando el analista pasa de la posición de analizante a la posición de analista. Eso en términos de derecho, pero en términos de hecho no sucede. Yo no hice así mi recorrido y supongo que la mayoría de ustedes tampoco. Esta es una razón casi de orden práctico que hace que el analista lleve a control sus obstáculos en su práctica, pero este es un aspecto de la cuestión, el otro, es aún más importante. Es aquél que aún para el que terminó su análisis, quizás con más comodidad haga unanálisis de control, son razones necesarias, estructurales.

¿Qué quiere decir que son razones estructurales?

Me parece que Lacan cuando avanza en su teoría y llega a proponer el Sinthome, el cuarta anillo como parte de la estructura, es su manera de decir, que hay algo en la estructura que es fallido y que sólo se resuelve en lo real. Porque el sinthome implica algo que se juega en lo real. Para un analista podría bien ser su práctica. Entonces razones estructurales: la falla de la estructura del analista. Una falla irremediable, sólo remediable, como en cualquier análisis, si además de lo que puede hacer con su goce parasitario desde una perspectiva simbólica, también lo resuelve encausando ese goce en alguna articulación adecuada en lo real. Esta es una razón estructural. Para lo cual la práctica del analista aparece entonces como una oportunidad. Oportunidad para lo qué?. Puede ser para lo peor y será entonces el ejercicio de un goce perverso, allí puede suceder los fenómenos que describía Cristina. Un goce perverso que él sufra como inhibición o que él ejerza a su vez en sus analizantes, o puede ser, y así puede propender el análisis de control, la práctica del analista como una oportunidad de lo mejor, encause de su goce parasitario para la creación.

¿Cuál es la estructura del análisis de control?

En principio, si lo queremos recorrer desde su presentación empírica, diremos que nos encontramos con un analista que lleva por su relato lo que sucede en su práctica con un paciente a alguien que se sitúa en función de control. Tenemos entonces, el analista, su relato, el paciente al cual alude y el control.

El relato del analista a qué se refiere? Al decir, al hacer y al decir de su paciente. ¿Para qué? Puede ser para formular su pregunta, algo que en ese relatole llega como pregunta. Esto no es simple y es fácil detectar que en los tiempos del analista en su formación, a medida que avanza, le es más fácil la formulación de la pregunta.

En los comienzos la pregunta no puede formularse, lo que aparece en vez de la pregunta es la pregunta en acto najo la forma de un tropiezo. Es tarea del control poder darle a ese tropiezo el valor de una pregunta. Sería una manera de reconocer los límites en acto.

¿Cuáles serían las intervenciones del control?

Me parece que el control, es mi posición hoy, siempre parte del relato que el analista hace de su analizante. Puede ocurrir qque el analista en control, después de un tiempo, cuente cosas de su propia historia, me parece que ahí es pertinente que el control escuche, haga silencio y sólo intervenga a través del relato del paciente, no del analista.

Cuando esto no es respetado suele entonces aparecer lo que podríamos llamar una clínica del control. Cuya manifestación más clásca, es la producción de conflictos en el analista entre su análisis y el control. Empiezan a jugar cada uno como resistencia para el otro. Me parece que es una actitud de prudencia que el control sólo intervenga a travás del relato del analizante.

Se tratará de tomar lo que el analista dice como un efecto de estructura. Este es el punto clave. Todo lo que un analista dice, debemos leerlo com efecto del discurso del analizante que se presenta.

¿Cuál es la primera tarea que hoy al menos se me apareceen un análisis de control?

Lo primero sería estimular al analista a la confianza del discurso. Del suyo, del analizante. Ayudándole en la medida que él es sensible al discurso de su analizante, él porta en su propio discurso las respuestas que le cuesta reconocer y no se trata de respuestas que el control da como exterioridad, sino que le ayuda a descubrir en la secuencia de su relato.

Ayudarlo a valorar sus representaciones imaginarias, a valorar su lectura y a valorar sus afectos, como afecciones de lo real.¿Para qué? ¿Volvemos a los tiempos de la contratranferencia? De ningún modo, valorarlos quiere decir reconocerlos, aceptarlos, para cotejarlos con la letra.

Cotejar todo eso que el analista recibe como efecto sindehechar nada de lo que le sucede en la sesión:" me cansa", "amo al paciente"," me da pena"..lo que sea.
La pregunta sería ¿ qué de todo esto que me pasa es un efecto es un efecto que la letra del analizante produce en mí como sujeto del discurso?.

¿Cuál es el problema de esa letra? ¿Para qué ir al control?

Porque efectivamente se juega también para el analista la dificultad que es para cualquiera el encuentro con el inconciente. El Inconciente lo único que quiere es retornar. Pero hay resistencias que se oponen a ese retorno. Y cuales suelen ser las resistencias primordiales que uno registra en un análisis de control?.

Primero y esencial: lo que diferencia al psicoanálisis de cualquier otro tipo de terapia. Dado que cualquier otro tipo suele coincidir de un modo bastante próximo a como escuchamos en la vida cotidiana, que es la escucha del sentido.

El primer obstáculo entonces a lllevantar es ayudar a que el anlista tenga confianza en la lletra que porta aún sin saberlo y si lo sabe, por supuesto mucho mejor. Tiene algo mucho más valioso que la escucha del sentido.

Segundo: a flexibilizar la teoría que todos tenemos de nuestros pacientes. Cada tanto es importante preguntarnos ¿será asi? Y la tercera cuestión, quizás la más complicada, es ayudar a cotejar lo que el analista trae como su intervención con lo que la letra misma que él porta le muestra como otro camino, a situar de otro modo su goce parasitario.

En un análisis de control no se trata de transmisión de conocimientos, no se trata tampoco de una enseñanza artesanal, es decir de un savoir faire. Se trata de un savoir y faire, es decir de un saber hacer ahí.

¿De un saber hacer ahí con qué? Con su ser.

Es imprescindible que el analista tenga una buena relación con su ser, con todo su ser, con sus bondades y aún con sus maldades. Si no hay esa confianza hacia lo que su propio ser le brinda, no para la contratransferencia sino para cotejarla con la letra, es irrealizable la práctica del análisis.


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Elkin Emilio Villegas Mesa - Doctoralia.co

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